El ferry

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Siempre llegábamos tarde o estaba cerrado. O había mal tiempo y estaba cancelado. Pero llegó la primavera y vinieron los días soleados y lo intentamos de nuevo. En Wellington el ferry es gratis para las personas mayores, para viajar por la costa de Wellington entre las 9 am y las 3 pm y sábado y domingo a cualquier hora, como el resto del transporte publico, incluyendo el tren.

Escogimos ir en la parte de arriba y recibir la brisa y el sol dorado sobre nosotros. La costa es hermosa con un mar azul que calma los sentidos e invita a dar gracias por tantos lugares en los que tenemos el privilegio de estar y disfrutar.

Pasamos por la isla Matiu/ Somes, santuario de la flora y fauna neozelandesa. Allí se puede pernoctar en tienda de campaña y se hace un paseo a pie por toda la isla. Prometimos volver para hacerlo.

Pasamos también por Days Bay Wharf, una playa donde ya la gente comenzaba a bañarse, a pesar de que aún no ha llegado el verano y la temperatura del agua debía ser muy fría.

Al regreso, el horizonte de la ciudad con sus modernos edificios nos acogió una vez más dándonos la bienvenida después de una tarde perfecta por la bahía de Wellington.

Nuevamente mi cumpleaños

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Cada cumpleaños es distinto. Todo depende de nuestro estado de ánimo y de las sorpresas durante el día. Aquí y para nosotros, las sorpresas duran dos días. El día del cumpleaños en Nueva Zelanda que celebramos y al día siguiente que es el día del cumpleaños en el hemisferio norte donde tenemos la familia y los amigos de siempre. Eso le agrega celebración y sorpresas por cuarenta y ocho horas. Los que están pendientes de esta circunstancia nos felicitan primero, antes que Facebook se los recuerde, lo que hace que la sorpresa sea más agradable. Otros se confunden ¿Era hoy o es mañana? Y los que esperábamos que nos felicitaran en el día que lo celebramos porque son nuestros seres más queridos, están esperando al día siguiente para hacerlo y uno se queda con los crespos hechos.

Lo pasé muy bonito, muchísimas felicitaciones de la familia que es grande y esta en el otro hemisferio, de mis compañeras del colegio y demás amigos. Pero de las cosas más bonitas que me pasaron en el día preciso fue la cena con mis hijos y nieta, la llamada de mi hermano con su cariño de siempre y la llamada desde Nelson de nuestros amigos kiwis, Andy y Ana por speaker, que me regalaron bromas y alegría por un buen rato y días después, una tarjeta hermosa y un gift card para que me comprará un libro en la librería más linda de Wellington.

Así es que mi cumpleaños duró cuatro días!

 

 

La primavera

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En Nueva Zelanda ya comenzó la primavera. Los parques están florecidos, los árboles muy verdes y llueve a menudo pero la temperatura ha subido. Cuando hace sol, éste penetra de lleno por mi ventana y la sala del apartamento se llena de luz. 

Empezamos a correr de nuevo y se corre con un clima agradable, ni mucho frío ni mucho calor. Los fines de semana hay música en algunos lugares al aire libre. La semana pasada, la banda de la Marina neozelandeza ofrecía un concierto de jazz extraordinario en la plaza del City Council, frente a la biblioteca.

Todos los que allí estábamos lo disfrutamos muchísimo y los músicos también. Fue una sorpresa muy agradable. Hacían solos con sus instrumentos de viento, cada uno mejor que el otro y la alegría de la primavera se contagiaba entre los presentes.

Nuestros amigos llegaron con la primavera, brindandonos una tarde de sushi y recuerdos hermosos que trajeron del Japón.

La baguette parte 2

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Las cosas que nos pasan en este país son maravillosas. Desde que llegamos aqui, la frase de la oficial de inmigración «Welcome home» crece diariamente con pequeñas cosas que van creando un sentimiento de gratitud cada día mayor en nuestros corazones y nos hacen sentir que estos son los valores con los cuales hemos soñado siempre. Es la sonrisa del extraño que te mira a los ojos cuando pasa a tu lado, es la broma cariñosa del que cierra la puerta del tren porque eres siempre el último en llegar y te extraña cuando no tomas ese tren, es la conversación especial con el vendedor de la tienda y la calidez de su atención. Es la señora mayor que te nota cuando vas corriendo y te aprueba con un gesto y que la ves nuevamente en la calle frente a la vitrina de una tienda y entabla una conversación sobre la belleza de lo que ambas estamos viendo. Es Anna con su amistad fresca y luminosa que parece que fuésemos amigas desde la infancia pero sin las memorias o tal vez con memorias que traemos desde el cielo. Es Moana con su abrazo cariñoso que me recuerda los abrazos de mi abuela cuando pequeña.

Y ayer, viniendo desde el automercado, con el carrito de compras que me regaló mi nuera que suelo llamar el bmw por lo elegante, un joven en una esquina, como si fuera un ángel,  repartia baguettes frescas a todo el que por allí pasaba y las quería.

Vive la Nouvel Zelande!

La baguette

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En mis caminatas hacia la ciudad y siempre desde la acera de enfrente, me llamaba la atención un cartel que decía «Le Moulin» bakery. Lo curioso era que la panaderia nunca estaba abierta cuando yo pasaba, incluyendo horas y días normales de trabajo. Hasta que decidí caminar por la otra acera y leer el anuncio pegado a la puerta. La curiosa panaderia sólo trabaja de jueves a sábado y de 7:30 am a 2:pm.

Un día decidí ir especialmente durante su horario de trabajo y descubrí un local con baguettes, croissants y panecillos maravillosos. El local y su dueña habían ganado un premio por su baguette y sus croissants, el «Eating out Award» del Dominion Post, el periódico de Wellington, en el año 2003. Y realmente, qué baguette! Sólo en Francia encontramos una asi! 

Blue, blanc, rouge…Vive la France!

El invierno

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Pasó la primavera y luego vino el verano entre baños de playa de agua muy fría pero muy refrescantes y salidas a correr por el malecón. El día era muy largo, hasta las ocho de la noche no obscurecía. El sol caía vertical en nuestras cabezas, pero el natural viento de Wellington nos refrescaba. Durante el verano estaban nuestros amigos kiwis llenando de  alegría nuestros días, ensombrecidos por angustias familiares. Llegó la Navidad, diferente y triste.

Apareció el otoño y el tiempo de la incertidumbre y el ajuste. Nuestros amigos Andy y Anna volvieron a su hogar en Nelson y aunque cada vez que regresan tenemos un encuentro maravilloso y especial, extraño mucho a Anna que supo comprenderme desde el primer día. Extraño nuestras largas caminatas y nuestras conversaciones y la sensación de bienestar que me produce su amistad.

Y finalmente llegó el invierno, entre lluvia, viento frío y confinamiento, para el cuerpo y para el alma. Epoca de trabajo personal, de tejido e inspiración, de sembrar las semillas del nuevo proyecto. Epoca de familia.