El invierno

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Pasó la primavera y luego vino el verano entre baños de playa de agua muy fría pero muy refrescantes y salidas a correr por el malecón. El día era muy largo, hasta las ocho de la noche no obscurecía. El sol caía vertical en nuestras cabezas, pero el natural viento de Wellington nos refrescaba. Durante el verano estaban nuestros amigos kiwis llenando de  alegría nuestros días, ensombrecidos por angustias familiares. Llegó la Navidad, diferente y triste.

Apareció el otoño y el tiempo de la incertidumbre y el ajuste. Nuestros amigos Andy y Anna volvieron a su hogar en Nelson y aunque cada vez que regresan tenemos un encuentro maravilloso y especial, extraño mucho a Anna que supo comprenderme desde el primer día. Extraño nuestras largas caminatas y nuestras conversaciones y la sensación de bienestar que me produce su amistad.

Y finalmente llegó el invierno, entre lluvia, viento frío y confinamiento, para el cuerpo y para el alma. Epoca de trabajo personal, de tejido e inspiración, de sembrar las semillas del nuevo proyecto. Epoca de familia.

 

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