¿Frustración o esperanza?

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Hace días que no publico. No me atrevía. Mi estado de ánimo era tan oscuro que me iba a arrepentir de lo que podía escribir si es que podía articular alguna frase que no destilara frustración. Me costó reponerme como en cada eleccion, año tras año durante 17 años, en que nos han robado la esperanza. Esta vez, cuatro mujeres que creen que están por encima de la voluntad de un pueblo que quiere cambiar nos robaron el derecho constitucional a revocar al presidente. Pero como lo dije en otra oportunidad, no me gusta tener esos sentimientos que sólo a mí me hacen daño y decido seguir teniendo esperanza porque Venezuela es mi país, me vio nacer, me dio una educación de calidad y sembró valores y principios en mi conciencia. Venezuela se merece mi lucha por volver a tener un país de verdad del que me sienta nuevamente orgullosa, no un país cuyos ciudadanos no los quiere nadie en sus países porque son mentirosos y corruptos. Y todos los demás que no lo somos, pagamos justos por pecadores…

Emigrar a los 65

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Quiero emigrar, sólo que yo tengo 65 años. Los que emigran son jóvenes que tienen planes de estudio, o menos jóvenes con familia que buscan un futuro de esperanza.

Escribo para aquellas personas cuyos hijos y nietos viven en otros países. y no quieren seguir lejos de ellos, que quieren compartir sus vidas más allá de una pantalla de computador. Escribo para decirles que tambien a esta edad podemos crear una vida nueva para nosotros, que podemos reinventarnos y aprender a vivir fuera de la caja, conociendo nuevas personas, nuevas culturas, haciendo cosas nuevas de manera diferente, reinventándonos mediante actividades que siempre hemos querido hacer y las circunstancias de nuestro país no nos lo permiten.

Pero para llegar allí, a emigrar a nuestra edad, necesitamos reflexionar sobre lo que nos llevó a pensar en emigrar.

 

La violencia

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Así lo vivo yo

No es sólo la que existe entre el gobierno y el pueblo. La represión cotidiana se expresa de muchas maneras en cada espacio de la ciudad, con la policía, la guardia nacional, los funcionarios, las alcabalas en cada urbanización porque para el gobierno todos somos delincuentes. Es una violencia que se ha profundizado en los ciudadanos de a pié, en el servicio que se presta, en la conducta de las personas que ya no son capaces de respetar el derecho del otro. Es el motorizado que insulta y agrede tu vehículo porque decidiste cambiar de canal con luz de cruce y él venía entre los dos canales, es la camioneta costosa que no te da paso porque usa dos canales para que no lo pases y si logras pasarlo, va corriendo hasta ponerse de nuevo delante o cruzarse violentamente para que te arrepientas de haber usado tu derecho de vía. Es la agresión del vecino cuando te habla porque se siente con derecho de pisotear el tuyo.

No dudo que este país cambie pronto, pero hay una generación que nació en 1999 y que no ha visto otra cosa que este gobierno de violencia con las armas y con el lenguaje, de corrupción e impunidad donde los valores ya no existen.

Hay que esperar mucho tiempo para recoger toda esta agua derramada y probablemente no se llegue a recoger toda, porque la próxima generación tiene secuelas de desnutrición y desconocimiento de lo que es respeto, que el mismo gobierno no ha tenido con ellos.

Y como hay que esperar mucho tiempo para recomponer todo esto y yo no tengo tiempo ya, prefiero irme a un lugar donde exista el respeto ciudadano, la conciencia de que donde termina mi derecho comienza el del otro.

Ya no quiero sentirme molesta y triste cuando me suceden esas cosas que se hacen cotidianas en esta ciudad, quiero estar en un lugar donde la vida sea agradable, donde la alegría de vivir y disfrutar de la vida sea más larga que el tiempo de recorrer unas calles más allá de mi casa.

 

No hay, no funciona, no sé…

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Así lo vivo yo.

Por todas partes, las respuestas son las mismas, “no hay, no funciona, no sé”…

La escasez es otra arma de dominio del régimen. Mientras estemos haciendo cola todo el día, no tenemos tiempo de ir a protestar. La gente hace colas larguísimas alrededor de los automercados esperando que llegue “algo” regulado de primera necesidad. No saben a ciencia cierta qué puede ser pero ahí están, horas y horas.

Me niego a semejante humillación. Prefiero ir cuando no hay cola y comprar alimentos alternativos. Pienso fuera de la caja y no le hago caso al juego del gobierno.

Hay quienes se comunican por las redes sociales y salen corriendo cuando les dicen que hay algún alimento escaso, aunque estén haciendo algo importante.

Me niego a hacerle el juego al régimen y entregarle mi tiempo. Ni mi dignidad ni mi tiempo están en venta por dos litros de leche.

Al comprar comida o medicinas hay que dejar la huella digital como si uno fuera un delincuente y al salir, registran la cartera. Si ya compramos el producto en la semana, te lo niegan. Y si el número de la cédula no termina en el número que corresponde al día de la semana y hay un producto de primera necesidad que están vendiendo, no puedes comprarlo aunque lo necesites .

No recuerdo, en todos los años de mi vida que he vivido en este país que me trataran como un delincuente cuando entro a un automercado o a una farmacia. Cuando me siento humillada por estas prácticas, ya no quiero volver.

Hoy día no hay medicinas ni productos de higiene en las farmacias, parecen quioscos de chucherías. La gente duerme en la calle desde la noche antes para estar cuando llega el camión de algún producto al local, poniendo en riesgo su vida por la delincuencia desatada. A veces, a pesar de haber dormido allí y haber hecho la enorme cola, se acaba el producto y el sacrificio es en vano. Los que tienen posibilidad de pagar en dólares, encargan sus medicamentos y productos de higiene que después de muchas vueltas (Colombia, Panamá y Venezuela) llegan y son muy costosos. Los demás mueren de mengua y yo rezo para que no nos enfermemos..

Emigrar puede hacerme sentir como un ser humano haciendo las cosas normales que hace la gente cuando va de compras, con libertad para escoger y trato decente.

 

 

El miedo

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Así lo viví yo.

Empecé a sentirlo cuando quien destruyó nuestro país ganó las elecciones presidenciales hace 17 años. No me gusta generalizar pero el puesto de un militar no es nunca la presidencia de un país, por buena persona que éste sea, la dictadura planea como una sombra detrás de sus pensamientos.

Empecé a sentirlo también cuando los radios de todas partes en la ciudad no hacían más que transmitir las cadenas diarias e interminables de un presidente resentido.

Me recuerdo subiendo la cuesta hacia mi casa, con mucho miedo de expresar mi opinión en cualquier lugar público por temor a la violencia de un pueblo enardecido.

No obstante, a pesar del miedo, marchamos, marchamos y marchamos durante años, expresando nuestro disgusto por su manera de proceder, por lo que veíamos venir a lo lejos, por su irrespeto al pueblo, sus ofensas, su resentimiento hacia todos los valores del venezolano y de las cosas bien hechas.

Y como creíamos en las cosas bien hechas, creímos en el diálogo, en mesas dirigidas por personalidades extranjeras dignas de respeto, que pensábamos que verían lo que nosotros veíamos y que la balanza se inclinaría hacia el pueblo. Pero nos dejamos entrampar y los extranjeros se dejaron enmarañar con la tela de araña que aún hoy, después de 16 años nos sigue envolviendo. Y así comenzó la gran polarización de mi país que dividió a familias, parejas, amigos y hermanos, separando a los padres de sus hijos que emigraron para siempre.

Hoy día, el miedo es la mejor arma del régimen. Lo administra a través de bandas delictivas que ellos mismos armaron, a través de la escasez y el hambre, de las amenazas y la represión, de la burla y la ofensa, de la corrupción y la impunidad.

Yo no quiero seguir viviendo con miedo. Yo quiero tener una vida plena y disfrutar lo que me queda de vida en libertad, libre de opinar, libre de escoger lo que quiero comer, libre de hacer las actividades que quiero hacer cuando las quiero hacer.

Emigrar puede ofrecerme la oportunidad de ser realmente libre. Y aunque yo me siento libre interiormente, en la práctica y dentro de la situación del país, añoro la libertad que conocí en otro tiempo.

 

Emigrar a los 65

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Me planteo este blog, como un camino con varios tramos. El primer tramo es toda la reflexión que acompaña la posibilidad de emigrar. Las razones que van desde el descontento de vivir en un país que ya no es el que conocí, con personas que ya no comparten mis valores, hasta aquellas razones cargadas de posibilidades de vivir una vida completamente distinta, haciendo todas aquellas cosas que me habría gustado hacer y que resultan muy difíciles en el ambiente y contexto en que vivimos. Las otras razones, las más importantes, tienen que ver con las posibilidades de vivir cerca de mis hijos y nieta que emigraron hace mucho tiempo.

En el siguiente tramo me planteo compartir todos aquellas experiencias de orden práctico que me van a llevar hasta el lugar de destino, tips y sugerencias que me hicieron el trabajo más fácil o más llevadero.

Y el último tramo serán las reflexiones de cómo es la vida fuera de la caja.